El interés por vivir. ¿Por eso nos reparamos?

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La vida es la gran singularidad en todo el universo conocido. No hay nada más extraño, ni los agujeros negros, ni la antimateria, ni nada por el estilo.

Se sabe lo mismo de la vida que lo que pueda haber más allá de los límites de un agujero negro. Es decir, nada.  

Como estamos vivos, no somos capaces de comprender la grandiosidad que hay en el simple hecho de poder percibir. No nos damos cuenta de lo especial que es el simple hecho de desplazarnos a voluntad. Pero lo hacemos. Poseemos voluntad.

Nada en el universo posee voluntad. Un objeto celeste no es más que materia que sigue una inercia. Nada más. Vemos un planeta por efecto de la perspectiva, pero si apuntásemos un potentísimo telescopio más avanzado que los actuales, ampliaríamos y veríamos moléculas formadas por átomos. Interactuando entre ellas según las fuerzas que actúan sobre ellas en este momento.

Seamos sinceros, eso no tiene nada de fascinante. Quizá haya grandes objetos en el universo muy hermosos, pero ampliando la perspectiva, no son más que átomos inertes que forman moléculas inertes, nada sorprendentes. Y finalmente, son estructuras inertes en un escenario de entropía, que se van destruyendo en un universo que tiende al desorden.

Pero los seres vivos somos algo muy, muy diferente. Somos estructuras que no se desordenan. Algo que solo hacemos nosotros en todo el universo, porque el resto de materia, simplemente, se desordena. No es que no nos afecten las leyes físicas. Por supuesto que nos afectan. Actúan sobre nuestra estructura y provoca que esta se desordene. Pero, tenemos un supervisor que está constantemente vigilando que no suframos ningún daño, y cuando lo sufrimos, pone en marcha el protocolo de reparación y comienza a arreglar lo que se ha dañado.

No es que la entropía no nos afecte, si no que arreglamos lo estropeado. Dicho de otra manera, nos curamos. Somos estructuras de materia, formados por moléculas y átomos, pero cuando la estructura resulta dañada, nos autorreparamos.

¿Por qué nos reparamos? Para responder a esta pregunta deberíamos hacer otra pregunta anterior. ¿Qué sucede cuando no podemos repararnos? Cuando el daño en la estructura supera un límite definido, entonces morimos.

Así que, respondiendo al motivo de por qué nos reparamos, simplemente lo hacemos para seguir vivos. Y, si nos fijamos bien, esto lo hace cualquier ser vivo, sea una célula o un periquito. Una planta o un mosquito. Un humano y un hongo. Por tanto, es lógico pensar que todo ser vivo tiene interés en seguir estando vivo.

Claro, afirmar que una planta o una bacteria poseen interés en seguir estando vivo significaría dotarle de conciencia y de algo similar a una inteligencia. Para tener interés en estar viva, una bacteria o una planta debería ser capa de conocer el estado vivo del estado inerte (o no-vivo). ¿Puede una bacteria conocer la diferencia entre la vida y la muerte?

Esa es una buena pregunta que vamos a desarrollar, de nuevo, con otra pregunta.

¿Los humanos nos reparamos porque tenemos interés en estar vivos? Seguro que cualquiera respondería con un sí. Pero, de nuevo, esto no es tan sencillo. Cuando nos hacemos un corte, nos curamos, pero no tenemos ni idea de cómo ha sucedido. Simplemente, días después, la herida se ha cerrado y ya no nos duele. La reparación sucede queramos vivir o no. Un niño recién nacido no es consciente de querer vivir, pero si se hace una herida, esta se curará.

¿Tiene el niño interés en seguir con vida? Si una persona que desea morir se hace un corte, este se curará. ¿Tenía esta persona interés en seguir viviendo? La reparación sucede al margen de nuestro deseo consciente de querer, o no, seguir viviendo.

Esto significa que el interés en seguir viviendo no depende de nuestra consciencia o desarrollo mental, si no de otra inteligencia que desconocemos, pero que se encarga de esas cosas tan complicadas como curarnos, hacernos respirar, bombear sangre por el cuerpo, poner en contacto a trillones de neuronas para que podamos mover un dedo, incluso para que podamos hacer eso que llamamos pensar.

Si la reparación sucede de manera inconsciente, es decir, por debajo de la consciencia, significa que el interés en vivir está por debajo de la consciencia. Y esto significaría que el interés en vivir es común a todos los seres vivos, hayan desarrollado la consciencia o no. Biocentrismo en estado puro.

Sobre el autor

Alberto Terrer

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