La posible respuesta a la reparación y la replicación de los seres vivos.

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Los seres vivos somos estructuras de materia con unas propiedades que nos hacen únicos en todo el universo. Gozamos de voluntad y podemos tomar decisiones que se imponen a las leyes físicas que rigen el resto del universo. Ninguna estructura en el universo puede desplazarse hacia el lado opuesto a su inercia, salvo que alguna fuerza haya actuado previamente. Imaginemos que un planeta decide rotar hacia el lado opuesto o salirse de la órbita y desafiar la gravedad.

Eso hacemos los seres vivos. Poseemos voluntad. Pero hay dos propiedades que suponen un gran enigma y nos diferencian totalmente del resto de materia inerte.

Nos reparamos y nos replicamos. Es decir, nos curamos a nosotros mismos y nos reproducimos. ¿Por qué lo hacemos?

Respecto a la reparación, la respuesta que he leído y escuchado muchas veces es que lo hacemos para preservarnos, pero eso no es una causa. Es la consecuencia. Cuando nos reparamos, es obvio que nos preservamos. ¿Qué motivo puede haber para repararnos?

Respecto a la replicación, la respuesta que he leído y escuchado es que nos perpetuamos, pero no es cierto. Cuando dejamos descendencia nace un nuevo ser vivo con su propia identidad. Como las experiencias son subjetivas, no podemos compartir esa identidad, por lo tanto, no nos preservamos. Ese ser que acaba de nacer es tan ajeno a nosotros como cualquier otro.

Hace años, mientras me sumergía en los detalles profundos de la espiritualidad y metafísica, hubo dos conceptos que me maravillaron por las profundas implicaciones que tenían. Eran la eternidad y la infinidad. Aplicado a la conciencia, al origen que según algunas hipótesis pudo formar el universo, significaba que la conciencia había existido siempre y que existía más allá del espacio.

El universo se rige por el tiempo y el espacio. Algo eterno es algo que no está sometido al tiempo. Algo infinito es algo que no está sometido al espacio. Incluso cuando se describe el Big Bang, se parte de un punto en el cual la gran explosión inició la creación del universo. Antes de eso, simplemente, no existían el tiempo y el espacio.

Imaginar que no existen el tiempo y el espacio nos supone un quebradero mental. Hablaremos de esto en otros artículos, pero es muy interesante entender que la inexistencia del tiempo y del espacio son posibilidades que se manejan desde todos los ámbitos de conocimiento, científicos y metafísicos.

Decía que me maravillaron por sus implicaciones. Si el origen de la conciencia, que llamo autopercepción, no está sometida al tiempo y el espacio, ¿qué sucedería cuando se manifestara en el interior de un ser vivo?

Y aquí aparecieron las respuestas a los dos grandes enigmas. ¿Por qué nos reparamos y por qué nos replicamos?

La reparación como respuesta a la tensión surgida entre la autopercepción que es eterna, y una estructura sometida a la entropía. El ser vivo se repara a cada instante porque pretende ser eterno. La autopercepción es eterna y no concibe la muerte. Por eso se repara. Debe mantener su estructura para seguir estando vivo.

La replicación como respuesta a la tensión surgida entre la autopercepción que es infinita, y una estructura sometida al espacio. El ser vivo se encuentra encapsulado en una estructura, pero percibe un entorno que está más allá de su yo. Es decir, todo está contenido en el interior de la autopercepción, pero la identidad de un ser vivo percibe que hay algo externo. Y se replica porque persigue expandir su estructura para que contenga todo el espacio que percibe y que se encuentra más allá de su membrana.

La replicación presenta una severa disfuncionalidad con consecuencias devastadoras. La propia aventura de la vida se debe a la replicación, pero este tema lo abordaré en profundidad en otros artículos.

Solo apuntar un hecho importantísimo: La autopercepción es individual. Cada ser vivo es individual y posee una experiencia y percepción subjetivas, únicas y exclusivas. Cuando un ser vivo se replica y nace un nuevo ser vivo, empezará a percibir y expandirá el espacio percibido, al sumarse su percepción a la del ser vivo que le ha dado la vida.

Y cada uno de los dos seres vivos se replicarán de nuevo, tratando de expandirse para que el espacio percibido quede contenido en su estructura. Este proceso compulsivo no tiene fin, pues cada ser vivo percibe de manera individual. Este sería el motivo por el que existen una cantidad incontable de seres vivos, todos procedentes del primer ser vivo (que según creo debieron ser dos, detalle que explicaré en la creación de la identidad).

Percibir el tiempo y el espacio da lugar a los comportamientos biológicos de reparación y replicación. Tiene lógica, pues sin el tiempo y el espacio el universo no existiría. Y sin la reparación y la replicación nosotros tampoco.

Si estoy en lo cierto, los seres vivos nos reparamos y nos replicamos porque no somos fruto del azar, si no que somos manifestaciones de una esencia que es eterna e infinita, y no sabe dejar de serlo.

Sobre el autor

Alberto Terrer

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