¿Qué es la identidad?

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EL gran enigma de la Identidad. Sabemos que existe, pero ¿sabemos acaso qué es?

Ya lo dijo Whitman en su popular poema «… Que tú estás aquí. Que existe la vida, y la identidad. Que prosigue el poderoso drama y que tú puedes contribuir con un verso».

¿Qué es, pues, la identidad? Es la capacidad que poseemos los seres vivos de autorreferenciarnos en relación a un entorno, el cual no somos nosotros.

Si creamos un plano de cartografía digital con polígonos, deberemos referenciar cada uno de los polígonos para diferenciarlos del resto. Si no hiciéramos esto y pulsáramos sobre una calle de Lisboa, se abriría la información del mapa completo, no de ese punto específico, delimitado por un polígono referenciado en ese mapa global.

Al referenciar el polígono estamos diciendo al sistema qué es ese polígono y qué no es ese polígono. Pero ha de haber un diseñador que haga esta labor.

Al contrario que sucede con el polígono, los seres vivos nos autorreferenciamos en el entorno sin ese diseñador externo. Pero somos capaces de autorreferenciarnos porque ya existía la estructura que vamos a ocupar cuando emerja nuestra identidad ¿Por qué existía previamente esta estructura?

La respuesta es que esa estructura existe porque había sido formada por otro ser vivo, el cuál había iniciado la replicación.

La autopercepción de la estructura replicante ha actuado sobre una porción de materia percibida, dándole la estructura necesaria para que sea autopercibida.

La autopercepción de esa nueva estructura intentará autopercibir más allá del límite de su propia estructura, entonces se iniciará la percepción. La percepción es externa, y para poder percibir algo externo debe autorreferenciarse en relación a ese entorno externo. Emerge la identidad y lo que llamamos vida. Ese ser vivo, como todo ser vivo, es autopercepción interna y es identidad externa. La identidad es el yo de cada ser vivo, la conciencia. Mi identidad es lo que está escribiendo este artículo, y la tuya quien lo está leyendo. Mi autopercepción es lo que me mantiene vivo. Lo mismo sucede con la tuya.

Es importante recordar que la percepción surge por la intención constante de la autopercepción por autopercibir todo. Esto es un tema que trato en otros artículos más enfocados al principio metafísico de la existencia. Pero es necesario recordarlo, porque de ese intento de autopercibir surge la replicación de los seres vivos y la reparación. También el proceso de colectivización. La percepción misma y la identidad surgen de ese principio… Es decir, ¡¡toda la existencia surge de este principio fundamental!!

La identidad es el yo soy de cualquier estructura viva. Todo ser vivo posee una identidad, una autorreferencia frente al entorno. Percibe y experimenta ese entorno e interactúa con él. Las características de cada ser vivo definirán cómo serán sus canales de percepción y cómo será su experiencia. Los seres vivos dotados de sistema nervioso central interactuamos de manera muy diferente a una bacteria, o a una planta.

La percepción no es la forma que adquieren los canales perceptuales, si no la capacidad de tener un entorno de referencia externo. Aunque no haya una consciencia detrás, cualquier ser vivo que reaccione ante el entorno posee una identidad. Sin la identidad el ser vivo no podría autorreferenciarse y no podría, por ejemplo, repararse, porque no sabría que su estructura ha sido dañada. No sabría que es esa estructura.

Los canales de percepción definen el tipo de experiencia, pero no definen la percepción. Si un humano pierde los sentidos básicos (vista, oído, gusto, olfato y tacto) y queda en estado “vegetal”, continuará respirando. Si su piel sufre un corte, seguirá reparándose. Si se alimenta de forma artificial, su sistema digestivo continuará procesando el alimento. Sabrá diferenciar la materia que es alimento de la materia que es él mismo. Seguirá existiendo una autorreferencia frente a un entorno, aunque los canales perceptuales básicos no funcionen.

Entonces, ¿posee identidad una planta? Claro, es ella en relación al entorno. Quizá, no haya una mente que pueda afirmar: soy una planta. Pero eso sería la personalidad, no la identidad. La identidad no es la personalidad. La personalidad surge porque hay una identidad.

Podríamos definir, también, la identidad como un identificador único para cada ser vivo. Como sucede en los modelos de programación, cada ser vivo posee su propio código identificador único. Si dos seres vivos compartieran ese identificador, ambos serían la misma identidad. La posesión de un identificador implica, necesariamente, una autorreferencia. Si sólo existiera un código identificador, ese código identificador sería todo. Cuando existen dos códigos, entonces ninguno de los dos es el total, si no una parte del total. Necesariamente, cada parte debe poseer ese código y debe saber qué parte es y qué parte no es.

En un hipotético escenario con dos seres vivos, el código 1 y el código 2 formarían la totalidad. El 1 no podría ser 1 sin que hubiera un 2. Y viceversa. La autorreferencia es necesaria para generar un entorno porque el entorno es todo aquello externo. Sin la autorreferencia, el entorno y yo somos lo mismo. Es decir, yo sería todo.

La identidad es esa autorreferencia que poseemos los seres vivos. Lo que nos permite interactuar con el entorno. Hay estructuras de materia que interactúan unas con otras según las inercias. Aunque lo trataré a fondo en otros artículos, basta con resumir que un conjunto de partículas no forma una identidad. La identidad emerge tras aparecer la percepción.

Sobre el autor

Alberto Terrer

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