Conservadores y Progresistas.

C

Como he afirmado en muchos de los artículos, la existencia se basa en la variación entre la autopercepción y la percepción. Del inicio de percepción, provocado por el impulso constante de la autopercepción por autopercibir aquello que queda más allá de su límite, emerge la identidad. La percepción sucede desde el límite (el límite asociado al cuerpo) hacia fuera. La autopercepción sucede desde el límite hacia dentro. Para percibir algo externo es necesaria la autorreferencia. Sin un yo, y algo externo que no soy yo, no podría haber percepción.

Las características de la autopercepción y de la percepción son totalmente opuestas. La autopercepción es la realidad y la percepción es totalmente errónea. Solo existe una autopercepción y cada vez que se manifiesta, es la misma autopercepción. No posee identidad porque la identidad necesita una autorreferencia y algo externo que no sea yo. “Yo soy una identidad respecto al resto, que no soy yo”. La autopercepción es cooperación, es amor y es igualdad. Esta igualdad, este amor y esta cooperación surge del principio básico de individualidad. Normal que sus características sean estas. Cómo no va a ser igualitaria consigo misma. Cómo no va a a ser amorosa y cooperativa.

La percepción es competencia. Es depredación y desigualdad. Esta desigualdad, esta competencia y depredación surge de la emergencia de la identidad y del principio básico de individualidad. La identidad es autorreferencia respecto al entorno y, por tanto, es diferente a ese entorno. Y sólo puede percibir su propia autopercepción, no la autopercepción del resto del escenario, ni de los individuos que lo habitan. No puede sentir el dolor ajeno, ni el miedo. En realidad, no puede diferenciar, a ciencia cierta, un ser vivo de materia inerte. Durante un sueño construimos un escenario con personajes que creemos reales. Pero no había diferencia entre esos personajes y el resto del escenario. Todo era irreal. Solo podemos comprobar que es real aquello que podemos sentir, es decir, cuando podemos percibir la autopercepción. Pero no podemos percibir la autopercepción de nadie más que nosotros mismos. Cada identidad es única e individual, y en el exterior de nuestro cuerpo, cada una percibe un entorno hostil donde ha de sobrevivir.

Solo existe la autopercepción y la percepción. Los dos principios fundamentales. Y estos dos principios tienen su manifestación en el ámbito ideológico, conservadurismo y progresismo.

La percepción equivale a la visión conservadora del mundo. Una identidad que percibe un entorno hostil del que ha de protegerse. Una competencia que obliga a la identidad a ser más competitivo, porque lo que no logre yo me lo arrebatará otro.

La autopercepción equivale a la visión progresista del mundo. El entorno no es hostil por naturaleza, pero puede serlo si no actuamos. Hemos de derribar los privilegios, porque nunca hay vencedores sin perdedores, porque el éxito de uno es la derrota de otro. Hay que avanzar para que los desfavorecidos tengan lo mismo que los privilegiados, de manera que lleguemos a una igualdad.

El miedo es la herramienta de la visión conservadora, nacida de una comprensión del mundo regida por la percepción.

La protección es la herramienta de la visión progresista, nacida de una comprensión del mundo regida por la autopercepción.

La visión conservadora legitima al grupo por encima del resto del mundo. La visión progresista aboga por la igualdad para todo el mundo. Los movimientos sociales exclusivos son conservadores, mientras los movimientos sociales inclusivos son progresistas. El rechazo a otras razas o culturas es conservador, mientras que la inclusión de otras razas y culturas es progresista. El feminismo es progresista y el machismo es conservador. El racismo es conservador, y el anti-racismo es progresista. El movimiento de derechos animales es progresista y tiene como objetivo igualar el valor de los intereses del resto de especies con el de los humanos. La visión progresista busca erradicar la discriminación nacida de la visión conservadora y proteger al colectivo reprimido.

La sociedad está cambiando desde una hegemonía conservadora a una transición hacia el progresismo. Lo hacemos conforme mayor es la transferencia de percepción hacia la entidad. Durante este proceso gradual y secuencial, la autopercepción es cada vez mayor en el colectivo.

Durante el proceso de agrupación o colectivización se transfiere la percepción, y por ende la identidad, a la entidad (algo parecido a la mente colectiva). Al crear un colectivo y ceder un porcentaje de percepción, sucede lo que he apuntado anteriormente. En vez de percibir al resto de individuos como amenaza, se percibe como asociados con los que cooperar. Ahora lo interno no soy solo yo, si no yo y los individuos del colectivo. Y se percibirá como amenaza a los que quedan más allá del colectivo. Conforme se vaya transfiriendo mayor percepción, mayor será la unidad del colectivo, porque cada vez se percibirá más pacífico y cooperativo.

Así que, durante esta transferencia de percepción, la visión conservadora se impone cada vez con mayor intensidad. Esto sucede también con los colectivos de hormigas, avispas, etc…, son conservadores.

Pero cuando se transfiere percepción a la entidad (al colectivo), la autopercepción va ganando mayor peso en el mismo porcentaje. Y la autopercepción busca autopercibir la totalidad. Gracias al desarrollo de la consciencia, hemos llevado el proceso de transferencia de percepción a un nuevo nivel. La autopercepción va ganando peso relativo en el colectivo y su impulso por autopercibir el exterior es constante, así que llega un momento en el que el porcentaje de autopercepción supera el porcentaje de percepción de los individuos del colectivo. Es el momento en que la visión progresista se impone a la conservadora.  La pugna de las dos visiones se mantendrá hasta que el bloqueo del proceso de transferencia se elimine y este continúe su avance, imponiéndose, inevitablemente y de manera definitiva, el progresismo al conservadurismo.

La noción de libertad es diferente según las visiones conservadora y progresista. La libertad positiva conservadora legitima los actos de los miembros del grupo, por su simple pertenencia al grupo. La libertad negativa progresista impide aquellos comportamientos que coartan los mismos derechos de cualquier otro individuo, sea del círculo de consideración primario o de círculos ajenos.

La voluntad o libre albedrío se reduce en un colectivo por la transferencia de percepción. El libre albedrío proviene de la identidad. A menor identidad menor voluntad. Cuanto más intenso el proceso de agrupación, menor identidad individual de los miembros del colectivo, que la transfieren a la entidad.

En el interior de cualquier ser vivo pluricelular veremos un entorno perfecto, donde la intervención central es total. El libre albedrío se ha eliminado por ser una consecuencia de la identidad. A todos los efectos, la identidad la sustenta el ser vivo pluricelular, no las células que lo forman.

Hasta que sucede la emergencia de una identidad, la visión progresista va aplicando la libertad negativa para crear el entorno perfecto. Tu libertad termina donde comienza la mía.

El progresismo va ampliando el círculo de consideración, incluyendo entre los miembros del grupo al resto de colectivos excluidos. Y, desde hace un tiempo, se ha intensificado y ya busca ampliar hacia la inclusión del resto de especies. La autopercepción prosigue su camino.

Los colectivos de todas las especies se encuentran en diferentes bloqueos, presumiblemente en fases menos avanzadas que los colectivos de nuestra especie.

Es maravilloso que, cuanto más progresista es la visión, más inclusiva es. Y es que la autopercepción sabe perfectamente cómo vencer los bloqueos. Para crear el entorno perfecto (es aquel donde la transferencia de percepción está en el momento previo de completarse) se ha de integrar a todos los individuos perceptores. Sin incluir al resto de especies jamás se podrá alcanzar el entorno perfecto. Por eso en el progresismo cada vez cobra más importancia los derechos del resto de especies.

Es que el progresismo no es más que la etiqueta que hemos puesto al impulso de la autopercepción en un colectivo. Y el conservadurismo es el resultado de la percepción inicial del conjunto. El yo contra el mundo, que se transfiere al colectivo conforme se va transfiriendo la identidad. El nosotros contra el mundo.

Sobre el autor

Alberto Terrer

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