La búsqueda de la inifinidad. La replicación.

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El ambiguo y abstracto enigma de la infinidad no podía tener una respuesta sencilla. O sí. ¿Por qué los seres vivos nos reproducimos? ¿Por qué creamos copias de nosotros mismos? ¿Qué sentido tiene llenar el universo de vida?

No creo que los seres vivos nos reproduzcamos porque existen partículas que se reproducen en el universo, sin necesidad de una conciencia detrás. Tampoco creo que la selección natural esté detrás de esto, porque el primer ser vivo que nació debió reproducirse para que la vida no desapareciera con su muerte.

Creo que la replicación surge como respuesta de la conciencia ante la percepción. La percepción tiene dos variables que la hacen posible. El espacio y el tiempo. La esencia de la vida, la autopercepción, existe más allá del espacio y del tiempo. No comprende estas limitaciones.

La autopercepción (La conciencia surge por la identidad, y esta a su vez surge por el inicio de percepción de la autopercepción) percibe el paso del tiempo por las variaciones que suceden en el escenario. Es un universo donde todo tiene un inicio y un final. Una vez nace un ser vivo, una vez se manifiesta la conciencia, esta empezará a repararse para evitar el final. La autopercepción desea ser eterna porque no concibe la aniquilación.

La autopercepción percibe un escenario que no está contenido dentro de sí misma, lo cuál es imposible, ya que todo está contenido dentro de sí misma. Así que pone en marcha el protocolo de replicación, mediante el cual reorganiza la materia que percibe creando réplicas de sí mismo, para que su autopercepción ocupe todo el espacio percibido y, por tanto, todo esté de nuevo contenido dentro de sí misma.

La replicación crea nuevas copias de sí misma, pero al estar separadas unas de otras por la percepción de un escenario donde han de ubicarse, generan nuevas percepciones. Las experiencias y las percepciones son subjetivas, lo que provocará que el espacio percibido se amplíe y cada ser vivo intente autopercibirlo. Intentar autopercibirlo implica que todo esté contenido dentro de sí mismo. La replicación tiene como fin autopercibir el escenario percibido.

La dicotomía entre autopercepción e identidad perceptora va a ser una constante en toda mi hipótesis. Y es la causa de todo lo que vemos y experimentamos. La diferencia entre la autopercepción y la percepción es el origen de la vida, del universo, del sufrimiento… De todo.

Y, obviamente, está detrás de la replicación. La autopercepción es individual y es siempre la misma, aunque se manifiesta en diferentes instancias de sí misma. Esto significa que todo sucede en la única autopercepción. Las experiencias subjetivas suceden dentro de la autopercepción y, aunque son individuales e intransferibles para las identidades, son compartidas por la autopercepción, que las “experimenta” todas.

La reparación sucede en todos los seres vivos por este motivo. La replicación sucede en todos los seres vivos por el mismo motivo. Pero, además, la replicación no permite autopercibir el entorno, si no que fragmenta la autopercepción creando múltiples identidades que amplían el escenario percibido.

Y como la autopercepción es una, totalmente individual, pero siendo la única, resuelve la fragmentación mediante la agrupación. La primera respuesta para alcanzar la infinidad es la replicación con la consiguiente fragmentación de la autopercepción.

La siguiente respuesta es la agrupación para revertir esa fragmentación de la conciencia y, por supuesto, para alcanzar la infinidad.

La vida no pudo surgir de un solo ser vivo, porque una sola identidad no es posible. Es necesario dos identidades y dos percepciones para poder percibir algo que no esté contenido en ellas. Si solo hubiera una identidad, siendo ésta fruto de la autopercepción, significaría que solo habría una autopercepción. En este caso todo estaría contenido dentro de ella.

Pero al haber dos identidades existen dos percepciones y un escenario necesario donde ubicar todo lo que no soy yo. Porque sí que existe un escenario que no soy yo, donde se ubica esa otra identidad que tampoco soy yo, y donde me puedo autorreferenciar.

La autorreferencia es posible gracias al escenario, y el escenario es posible gracias a la coexistencia de dos identidades simultáneas.

La agrupación es muy interesante porque, en última instancia, permitirá agrupar a los dos seres vivos que queden en uno solo. En ese caso sí que se habrá conseguido autopercibir el escenario percibido. Al autopercibirlo ya será infinito. Pero para autopercibirlo, todo el escenario debe estar contenido y, por tanto, ser infinito.

Sobre el autor

Alberto Terrer

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