La colectivización. Primera toma de contacto.

L

Todo el misterio de la conciencia de la identidad, de la vida misma, creo que se resume en una sola frase:

La existencia sucede por la variación entre la autopercepción y la percepción.

Todo lo que existe se debe a una tensión surgida cuando la autopercepción empieza a percibir. Si analizamos a un millón de seres vivos de diferentes especies, podremos extraer dos factores comunes.

El primero es que la identidad en cada uno de los seres vivos es diferente a la de otro ser vivo. Siendo única e irrepetible.

Sin embargo, la inteligencia inconsciente de los seres vivos se comporta exactamente igual en todos ellos. O bien heredan esa característica por medio de la replicación y, contra todo pronóstico, no ha sufrido ninguna variación evolutiva. O bien esa inteligencia inconsciente (la autopercepción) es la misma en todos ellos. Siendo, más bien, un principio del universo que se manifiesta en una estructura con un orden X.

Estas dos “inteligencias” coexisten y dan lugar a la experiencia. La identidad percibe y la autopercepción (o inteligencia inconsciente) autopercibe. Una es el interior, otra es el exterior. Pero con una salvedad; la identidad surge a consecuencia de la autopercepción. De hecho, la identidad es una extensión de la autopercepción, al intentar extender la autopercepción para ocupar todo el espacio que percibe más allá.

Como explicaba anteriormente, la autopercepción sería el principio causal y original. Todo está contenido en ella. Al fragmentarse internamente, como una línea que separa en dos una esfera, se iniciaría la experiencia, al manifestarse la autopercepción en ambas mitades, pero intentando alcanzar cada una de ellas el total de la esfera. Como cada una de ellas percibiría la otra mitad como algo externo, se autorreferenciaría respecto a un entorno, sucediendo la emergencia de la identidad. Pero todo contenido en la autopercepción original. Nada existe más allá.

Así que, al fragmentase en dos identidades, en cada una de ellas iniciaría el proceso de autopercepción del total. Para ello se replicarían, pero en lugar de conseguir ocupar el total y autopercibir el conjunto, nacerían dos nuevas identidades perceptoras. No habría que esperar demasiado tiempo para que esos 4 pasaran a ser millones.

Pero la autopercepción sigue buscando autopercibir todo el conjunto. Se inicia el proceso de desfragmentación mediante la colectivización. Con la colectivización el número de los fragmentos del colectivo (los individuos que lo forman) se reduce a uno.

El proceso de colectivización consiste en agruparse en un colectivo e ir transfiriendo de manera gradual la percepción y la identidad. Cuando se inicia el proceso de colectivización se transfiere un mínimo imprescindible de percepción y sucede algo casi mágico. Emerge una entidad. La entidad es la pseudo-identidad formada por las identidades del colectivo. Es decir, aparece una mente colectiva. El objetivo del proceso de colectivización es que los miembros del colectivo transfieran el total de su percepción, transfiriendo con ello el total de su identidad, a la entidad. Conforme van cediendo un porcentaje de percepción, ese vacío se completa con el porcentaje equivalente de autopercepción.

¿No nos hemos fijado que cualquier colectivo tiende a comportarse como el interior de un ser vivo pluricelular? Las células se asocian, cooperan y se especializan. Son millones, pero no poseen identidad. La identidad es la del ser vivo pluricelular que las contiene. Y en el exterior del ser vivo, dominado por la identidad emergente, el comportamiento es competitivo y de depredación, como cualquier otro ser vivo perceptor. Paz dentro, conflicto fuera. Autopercepción dentro, percepción fuera.

El proceso de colectivización pretende alcanzar el entorno perfecto que es el punto en el que los miembros del colectivo están perfectamente asociados, son perfectamente cooperativos y están perfectamente especializados. Tras esos pasos necesarios sucederá la total transferencia de percepción (y, por tanto, de identidad), y el conjunto pasará a ser autopercibido. La entidad se transformará en identidad, ya que el interior ya no percibirá, si no que se habrá transferido a la entidad, y esta será la total perceptora. La entidad se autorreferenciará y emergerá una nueva identidad. Exactamente, como sucede en nuestro interior. Las células están perfectamente asociadas cooperativas y especializadas, y han transferido su identidad y percepción.

La entidad es más intensa cuanta más percepción se ha transferido desde los individuos del colectivo. Así debió suceder con las células que formaron el primer ser vivo pluricelular. Se creó el entorno perfecto y, tras los pasos explicados brevemente, emergió una nueva identidad. El comportamiento en su interior era paz y cooperación, pero en el exterior la percepción actuaba de la manera habitual. Hostilidad y peligro. La autorreferencia en un entorno externo siempre da como resultado la percepción de peligro y hostilidad. Pero cuando los individuos de un colectivo van transfiriendo la percepción, ese entorno que antes era exterior empieza a autopercibirse y se convierte en un entorno interno. El comportamiento dentro de ese entorno interior del colectivo variará con respecto al exterior de colectivo, que se seguirá percibiendo como hostil.

En un hormiguero, una manada de lobos, unas bacterias en una colonia microbiológica, una bandada de aves y un colectivo de humanos se repite el mismo patrón, porque no puede ser de otra manera. Cooperación interna y hostilidad externa. Un colectivo es el intento de autopercibir lo que se percibe.

Todos los colectivos tienen como finalidad última la autopercepción del conjunto con la consiguiente emergencia de una identidad superior, tal como nosotros somos la identidad de un colectivo pluricelular. Que no haya sucedido aún en todos estos colectivos que he enumerado se debe a los diferentes bloqueos que expondré en otros artículos.

Pero lo más importante es que para autopercibir un colectivo, los miembros deben transferir su percepción. Esta decisión es voluntaria, ya que no depende de la identidad, si no de la autopercepción que es la misma en todos los seres vivos. La transferencia de percepción es más sencillo cuando unas células se agrupan. Lo difícil es lograr lo mismo cuando coexistimos seres vivos tan diversos como los seres pluricelulares y los unicelulares, con sistemas de percepción tan diferentes. La colectivización entre miembros de una especie es sencilla, debido a la percepción similar. Pero cuando las percepciones son diferentes, el proceso se vuelve mucho más complejo. Por eso ni los humanos, ni las hormigas, ni las plantas hemos completado el proceso de transferencia de identidad. Dentro del entorno de nuestros colectivos coexisten especies perceptoras que no han iniciado el proceso junto a nosotros. Por lo tanto, el entorno no puede ser autopercibido.

Para lograr que todos los individuos perceptores, de las diferentes especies, inicien el proceso de colectivización, es necesario intervenir. Hay que crear el entorno perfecto. Hay que modificar el entorno para modificar con ello la percepción del resto de individuos de otras especies. En cuanto pulsemos el botón de On en su proceso de colectivización, sucederá la progresiva transferencia de percepción e identidad (la voluntad va asociada a la identidad, por tanto, también llamada transferencia de voluntad. Si la entidad posee un porcentaje de nuestra identidad, ese porcentaje de nuestra voluntad estará al servicio de la entidad, algo común en todos los colectivos).

Individuos de diferentes especies en un entorno asociativo, cooperativo y especializado… Esto se parece mucho al jardín del Edén. ¿Será que esa imagen idílica es más que un producto de nuestra imaginación?

Sobre el autor

Alberto Terrer

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