Lo externo y lo interno

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Decía en otro artículo que la misma existencia consiste en la variación entre autopercepción y percepción.

Los seres vivos estamos condenados a creer que solo existe lo interno, y no lo externo. Esto se manifiesta de la siguiente manera. Solo podemos sentirnos a nosotros mismos. No podemos sentir nada del exterior. Solo lo percibimos y lo construimos como un escenario con el que interactuar.

Los seres vivos, desde el más simple en su estructura hasta el más complejo, se comporta de la siguiente manera. Trata de sobrevivir ante el entorno hostil, un entorno percibido como competencia y depredación. Existen unos recursos limitados y los necesito yo. Solo yo. El resto del escenario son recursos para mí.

Ese yo engloba todo su interior, su autopercepción. Sin embargo, cuando dos o más individuos se unen en un colectivo, como paso previo y necesario ceden un porcentaje de su percepción e identidad al grupo, manifestándose una entidad. La entidad es esa “mente” colectiva que unifica al grupo. Es la pseudo identidad del ese grupo. No es identidad aún, pero aspira a serlo.

Y cuando existe este colectivo sucede lo siguiente. Los individuos de ese colectivo cambian su comportamiento de competencia y depredación a un comportamiento asociativo y de cooperación pero quien no pertenece a ese colectivo es percibido como parte del entorno hostil. El interior del colectivo se percibe diferente al exterior del colectivo.

Es exactamente lo que sucede en un ser vivo, que nuestra autopercepción es lo real y el escenario no.

Cuando se crea la agrupación en un colectivo, se transfiere un porcentaje de la percepción al conjunto. Surge la entidad. El colectivo surge por una sola razón: al ceder un porcentaje de percepción al conjunto ese vacío se rellena con la autopercepción, que pasa a ocupar una parte del colectivo. Esto es lo único que posibilita que la percepción varíe, y con ello los comportamientos. La colectivización se inicia porque los individuos perciben un entorno acotado como pacífico. Ha existido una leve semejanza entre la percepción y la autopercepción.

Una agrupación o colectivización se resume en autopercibir el entorno formado por los individuos del colectivo. Conforme aumenta el proceso de colectivización mayor porcentaje de percepción se transfiere a la entidad, y mayor porcentaje de autopercepción tiene el interior de ese colectivo. El entorno se va tranformando en un entorno autopercibido y la percepción va desapareciendo del interior de ese entorno. La consecuencia es que los individuos del colectivo pasan a comportarse de manera asociativa, después cooperativa. El último paso es la especialización. Después llegará el entorno perfecto y le sucederá la transferencia de percepción e identidad (o transferencia de voluntad).

Al transferir la percepción al exterior del colectivo, a la entidad, el interior es cada vez más autopercibido. La percepción de los individuos se va aproximando a la autopercepción, o mejor dicho, el porcentaje de percepción y autopercepción en el conjunto se va igualando, hasta que llegará un momento que crecerá proporcionalmente el porcentaje autopercibido respecto al percibido. Con la transferencia de percepción el porcentaje de autopercepción será 100% y el de percepción será 0%.   

¿Cómo se comportarán los individuos de un colectivo si llega a suceder la total transferencia de percepción? La respuesta es muy, muy sencilla. Basta observar el interior de un cuerpo con un microscopio para saberlo. Nuestro cuerpo es un entorno perfecto.

Cualquier colectivo tiende hacia el entorno perfecto. Esa es su esencia. Un entorno perfecto es un entorno autopercibido, donde emerge una identidad porque todo lo que hay más allá del límite de ese entorno se percibe. Y de la autorreferencia del entorno autopercibido respecto a lo percibido surge la identidad.

Un ser vivo es autopercepción interna y percepción externa. Un colectivo es el proceso de autopercibir el interior de ese colectivo, surgiendo una entidad como mente del colectivo, que finalmente será la identidad que emergerá cuando el colectivo sea totalmente autopercibido. De nuevo el interior y el exterior.

Porque todo surge de la autopercepción, que es lo que existía y lo que contiene todo. Todo está contenido en el interior de la autopercepción, o no existiría. Lo que existe, existe porque ha sido autopercibido. Y cuando en el interior de la autopercepción sucede una fragmentación, cada uno de esos fragmentos es autopercibido. Pero no se puede autopercibir más allá del límite del fragmento. Aún así, del intento constante de la autopercepción por autopercibir la totalidad, surge la percepción. Se autopercibe el interior y se percibe el exterior.

La identidad es externa. De hecho, nosotros, como identidad perceptora, podemos percibir nuestro interior, pero no nos autopercibimos. Porque nuestra identidad, el Yo que somos, es algo externo a nuestra verdadera esencia, que es la autopercepción. Una única autopercepción que es la causa y origen de la existencia.

La fascinante variación entre lo interno y lo externo genera la misma existencia. ¿Soy el único a quien esto le parece fascinante?

Sobre el autor

Alberto Terrer

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