¿Qué es la moral?

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¿De dónde vienen los valores morales? ¿Por qué existen? ¿Qué sentido aportan en un universo físico regido por el azar? ¿O, acaso, es la conciencia quien genera el universo y, por consiguiente, los valores morales son parte fundamental de su desarrollo?

Podemos pensar que el desarrollo de la moral supone un avance al permitir una convivencia más pacífica y justa entre los miembros de nuestra sociedad. ¿Pero qué es, exactamente, la moral, y por qué debería importarnos el bienestar de otros individuos?

La moral es una regulación de valores y creencias, que tienen por objetivo regular los comportamientos de los individuos en un campo de interacción. Esto no es nada nuevo, porque cualquier colectivo regula el comportamiento de los miembros que lo forman. Las hormigas lo hacen, por ejemplo. Dentro de un hormiguero, las hormigas se comportan de manera pacífica, asociada, cooperativa y especializada, según unas leyes no escritas que cumplen ¿Poseen un sistema moral?

Sí, creo que lo poseen. ¿Son consciente de poseerlo? Quizá no. Pero ser conscientes de un hecho no varía el hecho en sí. Lo importante de la moral no es su desarrollo ni la profundidad de sus creencias. Si no la repercusión en la regulación del comportamiento.

La moral es la manifestación consciente de los principios de la autopercepción. Si observamos al microscopio el interior de un ser vivo pluricelular, seremos testigos de un colectivo totalmente moral.

Veremos un comportamiento pacífico, de asociación, cooperación y especialización, más perfecto que el que observaremos en un hormiguero o la sociedad humana. Pero es mucho más que eso, es un entorno intervenido donde los individuos han transferido su percepción e identidad a la identidad colectiva, o identidad supra, que ha emergido. Es un entorno donde la igualdad de los individuos es real. Y donde se persigue un fin común, y ya no existen fines individuales, puesto que se ha transferido la identidad. Sin identidad no hay fines individuales, solo colectivos.

La moral es el desarrollo consciente de los principios de la autopercepción. En la especie humana también estamos inmersos en un proceso de transferencia de percepción e identidad. El desarrollo moral es el fruto de la mayor autopercepción en el interior del conjunto.

Podemos observar algo que se repite en las sociedades humanas. Se crean derechos para los miembros de un grupo sobre el resto de individuos que no forman parte de ese grupo. Esos derechos, o privilegios, aparecen por la diferencia entre lo interno y lo externo, entre la autopercepción y percepción. En un colectivo ha surgido una entidad como mente colectiva, y como los individuos del colectivo han transferido un porcentaje de su percepción, éste ha pasado a estar autopercibido en el porcentaje que se ha transferido. Cuando mayor porcentaje de percepción se haya transferido , mayor será el porcentaje de autopercepción en el conjunto y mayor será la concreción de la entidad.

La percepción externa del colectivo es diferente a la interna, porque la percepción interna es autopercibida en un porcentaje cada vez mayor, mientras que la externa es una exclusivamente percepción. El mismo comportamiento de un ser vivo, que percibe el entorno como hostil y enemigo del protagonista, que es él mismo, se repite en el colectivo. Lo que es externo al colectivo es hostil, frente a lo interno, que es el protagonista. Ya no soy yo contra el mundo, si no nosotros contra el mundo. De esta manera se manifiestan los primeros intereses de sus miembros, que hay que proteger.

En la especie humana aparece un factor muy interesante. La moral consciente.

Con la empatía y la compasión como herramientas principales, la moral consciente nos permite incluir en el sistema moral a los individuos externos al colectivo, y que hasta ese momento habían sido discriminados. La moral es el reflejo del empuje de la autopercepción por expandirse en el entorno percibido y autopercibir la totalidad. En el sistema moral se crean reglas morales que se transfieren a la entidad y son compartidas por los miembros que la integran. En otro artículo describiré el proceso de creación de la entidad, cómo se forma la conciencia colectiva y cómo funcionan las tendencias.

Pero en el sistema moral consciente creamos reglas más complejas que nos permiten actualizar valores morales elevados ¿Cuáles son los valores de un sistema moral elevado? Igualdad entre individuos, sin importar sus características. Comportamiento pacífico de asociación, cooperación y especialización para proteger y perseguir el bien común. Tendencia a erradicar el sufrimiento y las desigualdades.

Al incluir a individuos de colectivos discriminados, estamos expandiendo nuestra entidad hacia nuevos individuos y colectivos externos. Sin el sistema moral consciente, percibiríamos a cualquier individuo externo como una amenaza y jamás lo incluiríamos en nuestro círculo de consideración.

Pero gracias a la moral consciente podemos crear nuevos valores que son cada vez más inclusivos, dejando de percibir lo externo como hostil y amenazador. Esto nos permite expandir la autopercepción que se manifiesta en el interior de nuestro colectivo, logrando que la percepción externa se asimile a ella.

Buscamos crear una sola entidad para nuestra especie, que incluya a todos los individuos, sin excepción, en nuestro sistema moral. Pero más allá, mucho más allá, estamos empezando a integrar al resto de especies, haciéndoles beneficiarios de nuestro complejo y avanzado sistema moral.

Así que la moral consciente nos permite modificar la percepción externa, con los valores morales que nacen de nuestro interior y que aplicamos a nuestro grupo. El desarrollo del sistema moral nos permite transmitir esos valores internos (autopercibidos) al entorno percibido (lo externo). Gracias al sistema moral consciente estamos mucho más cerca de alcanzar el tan perseguido siguiente paso de la autopercepción. La transferencia de percepción y la emergencia de una identidad supra2.

Sobre el autor

Alberto Terrer

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